Cómo mantener y mejorar la higiene bucal

Boca y oídos

 

Para mantener a raya la caries y las enfermedades periodontales, las enfermedades más frecuentes de los dientes, y para evitar el mal aliento hay que lavarse los dientes después de cada comida. El dentífrico ha de contener flúor y se ha de usar seda dental para llegar allí donde el cepillo no puede hacerlo: entre los dientes. El uso de colutorios también fortalece la salud oral. No comparta con nadie el cepillo de dientes; es personal e intransferible y se ha de cambiar con regularidad, aproximadamente cada tres meses.

 

No olvide que las prótesis dentales o dentaduras postizas han de mantenerse perfectamente limpias, lavándolas cuidadosamente después de cada comida para evitar infecciones y mal olor. Y, por último, no se olvide de visitar periódicamente al dentista.

 

Las orejas han de limpiarse diariamente pero con los oídos hay que tener cuidado. Olvídese de usar los tradicionales bastoncillos de algodón. Con ellos en el conducto auditivo es más fácil que se formen tapones de cera, en estos casos el uso de soluciones de agua de mar para la higiene del conducto auditivo externo son una solución segura y eficaz.

Ojos, nariz y genitales

 

Los ojos son órganos muy delicados por lo que procure no tocarlos con las manos sucias, ni con pañuelos o toallas, y si recurre a ellos al menos que sean de uso personal. No se preocupe por su limpieza; la naturaleza le ha otorgado las lágrimas con ese fin. Estudie, lea y vea la televisión con buena luz para no forzar la vista y acuda con regularidad al oftalmólogo para cerciorarse de que todo va bien. Y es que, por ejemplo, las infecciones oculares, principalmente las conjuntivitis, son muy contagiosas y han de tratarse de inmediato.

 

No se olvide de retirar los mocos de la nariz a diario. Además puede utilizar una vez al día suero fisiológico o agua de mar; hidratan la mucosa nasal y mejoran el arrastre de mucosidad, microorganismos y partículas extrañas.

 

Y aunque el baño diario no hace daño a nadie, hay ocasiones en las que enfermedades, tratamientos o accidentes impiden que se cumpla con la principal norma de higiene. Aunque así sea, el aseo de los genitales no se puede obviar y ha de hacerse diariamente. De esta forma, no sólo se evitan los malos olores, sino que también se mantienen alejadas determinadas enfermedades e infecciones.

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